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Nos estamos matando

Estamos lejos de ser una potencia mundial de la vida si las autoridades y los ciudadanos seguimos ignorando esta pandemia permanente de accidentes viales

Por Daniel Carvalho Mejía – @davalho para http://elcolombiano.com

Todos en Colombia recordamos el trágico accidente del avión del equipo de fútbol brasileño Chapecoense en las montañas antioqueñas: una tragedia que segó la vida de 68 personas. Nos conmovimos, oramos, prendimos velas; nos acongojamos varios días por tan impactante siniestro y elevamos plegarias para que algo similar no volviera a suceder.

Pues bien, resulta que en nuestro país tuvimos en 2023 el equivalente a 123 tragedias similares a la del Chapecoense. Más de 8.400 personas fallecieron el año pasado en incidentes viales. Hablamos de ocho mil cuatrocientas vidas perdidas en siniestros que pudieron ser evitados. Veintitrés fallecidos cada día. Veintitrés tragedias familiares que pasaron prácticamente desapercibidas, pues el tema suscita poca atención mediática, ciudadana e institucional.

El panorama es aún más grave cuando sabemos que esta cifra es mayor a la del año anterior y que, de hecho, cada año superamos nuestro propio récord. En un estudio reciente, Colombia ocupó el primer puesto entre 35 países en la tasa de siniestralidad vial. Medellín y Antioquia siguen la misma tendencia: 1.100 personas perdieron la vida en siniestros viales, 274 de ellas en Medellín, superando las cifras del año anterior.

El análisis de los datos nos da luces sobre el impacto social y económico de esta tragedia cotidiana: la mayoría de las personas fallecidas (60%) eran motociclistas, muchos de ellos hombres jóvenes de escasos recursos. Es fácil suponer que en estos jóvenes se afincaba la esperanza de progreso económico de sus familias, ¿qué será de ellas ahora? Por otra parte, desconocemos la cantidad de personas que no pierden la vida, pero quedan con una incapacidad física que probablemente les impedirá trabajar e integrarse a la sociedad en un país que carece de políticas e infraestructuras adecuadas para las personas con discapacidades, ¿qué futuro les espera?

Las principales causas de esta catástrofe son el exceso de velocidad, el incumplimiento de las normas básicas de tránsito, las deficiencias en infraestructura y señalización y la mala calidad tecnológica de algunos vehículos. Mientras tanto, las respuestas a esta crisis de salud pública están consignadas en numerosos planes que no están siendo implementados. En Colombia, por ejemplo, se aprobaron más de diez leyes al respecto en los últimos años y se creó una agencia de seguridad vial, dotada de un buen presupuesto, pero que ha servido únicamente como botín burocrático. Medellín, por su parte, tiene desde 2014 un plan de seguridad vial que empezó a dar frutos en sus inicios pero que fue abandonado posteriormente. Todos los gobernantes se llenan la boca hablando de la vida y el futuro de los más pobres, pero: ¿ven a alguno decidido a abordar este problema? Ante esta negligencia, por supuesto, las cifras sólo van a empeorar.

Estamos lejos de ser una potencia mundial de la vida si las autoridades y los ciudadanos seguimos ignorando esta pandemia permanente y no empezamos, hoy mismo, a hacer lo que nos corresponde para dejar de perder vidas en las vías. Son veintitrés muertes diarias, quién sabe cuándo le tocará a usted o a mí.