Por: Marvin Santiago Ruiz Correa
No veo la hora de estar en la misma situación que mis viejos cuando les pregunto por su pasado: con modestia cuentan sobre los días que fueron mejores. Añoran los largos recorridos en ferrocarril por el Norte de Antioquia y la elegancia de los antiguos taxis negros.
Si me voy hasta mis abuelos, las cosas se tornan más interesantes: la ficción se mezcla con la realidad. Alguna vez logré que me contaran sobre el barrio Prado cuando aún no era tan solo fachadas. Pensaba definitivamente que estaba sentado frente a arrugadas partes de historia patria.
¡Ellos lograron estar presentes en hechos que marcaron épocas! Grandes o pequeños, violentos o no, ellos me miran desde arriba y me dicen: “Yo estaba ahí”, “Yo estuve en Ancón”, “A mí me tocó el Bogotazo mientras estaba en Bogotá”.
En ese momento yo me pregunto: “¿Y dónde he estado yo?”. No sé con qué voy a descrestar a quienes, hasta ahora, solo están en proyecto de venir al mundo. Por eso, un pánico calmado se apodera de mí, me pone a reflexionar y a esculcar en mis consuelos con el fin de encontrar una razón para no pensar que estoy en los tiempos de la nada.
De seguro mis viejos no estarían pensando así de la posteridad. No sabían que lo que estaba pasando en frente de sus narices sería un hecho para recordar, y que primero llegarían ellos a la tumba antes que aquello se olvidara del imaginario colectivo.
Así que esperaré y crearé recuerdos de estos tiempos. Caminaré por las calles bajo la luz amarilla de las lámparas y esperaré sin precaución a que me atraquen; entonces podré decirles a mis nietos: “A mí me tocó cuando la gente todavía atracaba”. Veré todos los videos virales que pueda en cuanto salgan, para poder decir en la vejez: “Yo lo vi cuando solo tenía un millón de reproducciones”. Tal vez cuente con suerte y tenga el lujo de decir: “Yo estudiaba cuando la educación todavía era pública”.
Al fin y al cabo -y dicho con resignación-, estar en los tiempos de la nada no es tan aburrido, porque pasa de todo, aunque parece que no pasa nada.





